viernes, 19 de febrero de 2016
jueves, 4 de diciembre de 2014
El Choconazo el 3º Fiesta Provincial de los Dinosaurios y la Energía en Villa El Chocón
En esta edición los visitantes podrán disfrutar de una nutrida grilla de artistas regionales y nacionales, recorrer stands de artesanos y disfrutar de la gastronomía del lugar. Se realizará los días 6, 7 y 8 de diciembre próximos.

Con una nutrida agenda de espectáculos regionales y nacionales, la Villa El Chocón se prepara para disfrutar de la 3ª Fiesta Provincial de los Dinosaurios y la Energía Hidroeléctrica los días 6, 7 y 8 de diciembre próximos. El escenario mayor estará ubicado en el Cine Recuperado de la villa temporaria camino a la represa.
La invitación hacia el público quedó oficializada ayer en conferencia de prensa en la Subsecretaría de Turismo Provincial, calle Félix San Martín 182 de Neuquén capital. La misma contó con la presencia del Ministro de Desarrollo Territorial, Leandro Bertoya; el Intendente de la localidad, Nicolás Di Fonzo; la Subsecretaria de Turismo Provincial, Beatriz Villalobos; la Directora de Turismo Provincial, Marisa Focarazzo, y el Presidente del Fundación del Banco Provincia del Neuquén, Pablo Bongiovani.
El Ministro Leandro Bertoya, quien felicitó a Di Fonzo por la iniciativa, explicó que “Neuquén ha venido consolidando desde hace algunos años una agenda de fiestas populares lo largo de todo su territorio, que tienen que ver con construir la identidad de nuestra provincia, que es muy joven y ahora el desafío de Vaca Muerta seguramente va a generar un importante migración de personas hacia esta región. Por eso es importante darle un espacio a artistas locales que en definitiva son los que tienen el sentir de nuestra gente”.
Por su parte, Nicolás Di Fonzo agradeció “al Gobernador y a la Legislatura por haber hecho posible esta fiesta, que nos da la oportunidad de mostrar a Villa El Chocón como destino turístico en la provincia, pudiendo destacar el embalse artificial más grande de Latinoamérica y el dinosaurio carnívoro más grande del mundo, sin olvidar que contamos con un complejo hidroeléctrico que aporta energía a una gran parte de nuestro país”.
Di Fonzo comentó que “vamos a presentar el documental “las voces que nunca se escucharon”, realizado por un profesor que se crió en la villa y que rescata testimonios de aquellas personas que trabajaron en la construcción de la represa, y se cuenta cómo fue llegando gente a esta zona en la década del ´60”.
“Además –agregó- vamos a presentar el trabajo de una vecina de Villa El Chocón (Rocío Butin) que realizó un estudio -a modo de tesis para su graduación en comunicación social- sobre el “choconazo” una importante huelga obrera, que refleja la historia y la cultura de nuestro pueblo.
A su turno Pablo Bongiovani, Presidente de la fundación Banco Provincia del Neuquén y Concejal en la ciudad de Neuquén, señaló la importancia de “rescatar la identidad que tiene esta fiesta y el gran aporte que hace para los artistas regionales. Esto genera trabajo para la comunidad artística de la zona, algo que se mantiene desde la primera edición de esta fiesta”.
“Es muy destacable que puedan estar en el mismo escenario y con la misma tecnología que utilizan los artistas de rango nacional. Esta fiesta hacía falta en la región, por eso estoy muy contento por la gente y a nivel personal porque voy a tener la oportunidad de tocar”.
En esta edición la grilla musical la componen el Chango Spasiuk, Marité Berbel, JAF, Los Iracundos, Agapornis y la Moto Rock, entre otros. En la oportunidad se elegirá a la nueva reina de la fiesta.
Además, habrá diferentes stands y puestos de artesanos, actividades culturales y del patrimonio histórico local, y una exquisita oferta gastronómica pensada para los vecinos y turistas.
La entrada a la fiesta tiene un costo de $ 100 pesos por las tres noches ó $50 pesos por día. Los fondos reunidos serán destinados al centro de abuelos de la localidad, además con la boleto de ingreso se podrá acceder a sorteos.
Completan el cronograma de artistas: Apunao del Llano, Jonatan Lillo, El Sultán, La Brea, El Duende del Acordeón, Ricardo Lauquen, Slender, Santiago y Zaira, Beto Orlando, Los Pasteles Verdes, Los Iracundos, El Negro Ferreyra, Zoom, Los Chama de Cristal, Nacho Morán, Show Robot Led y Los Hermanos Bongiovani.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Choconazo: un hito clasista en la Patagonia Autor: Ariel Petruccelli
“La historia la escriben los que ganan”. La frase, contundente, crítica, motivadora, es sin embargo falsa. Aunque los que ganan han tenido y tienen un obvio interés en escribir su historia (y no hay duda de que muchas veces han dispuesto de medios incomparables para difundirla), no es menos cierto que los derrotados han mostrado una pertinaz tendencia a escribir la suya.
Y si a la historia no la escriben solamente los que ganan, tampoco son ellos los únicos que la hacen. No es raro que los derrotados hayan tenido una influencia causal mayor que los aparentes vencedores en el proceso histórico mirado en plazos largos. Y no es nada raro que los vencidos se instalen en el recuerdo, cuando sus vencedores pasan irremediablemente al olvido.
Claro, en qué se recuerda, cómo se lo recuerda, a quién se recuerda y cómo se explica lo recordado no hay nada de inocente. Pese a los cuentitos escolares, sumergirse en el terreno de la historia entraña despojarse de toda inocencia. Si la realidad es un campo de batalla en el que distintas fuerzas (veladas o abiertas, claras o confusas, numerosas o exiguas) pugnan por imponer sus criterios, sus intereses, sus valores, sus objetivos ¿Cómo podría la historia ser algo distinto?
Colonizadores, opresores, explotadores y dominadores han escrito, cierto, su historia. En general lo hicieron y lo hacen bajo formas épicas, con finales felices y la implicación de que ya se ha llegado al mejor de los mundos posibles. Pero los colonizados, los oprimidos, los explotados y dominados o dominadas también han escrito su historia. Una historia más bien trágica que épica. Una historia casi nunca con final feliz. Una historia que se piensa irrenunciablemente inconclusa: lo mejor siempre está por llegar.
Y no es fruto de la casualidad que los héroes y heroínas de las clases y grupos oprimidos sean generalmente -de Espartaco para acá- figuras derrotadas. Una larga tradición de rebeldes abatidos, insurgentes fracasados y revolucionarios frustrados pavimenta los senderos recorridos. Se los recuerda y se las recuerda no por su éxito, sino por su ejemplo. Y recordar es también una manera de aprender: que cada derecho, cada conquista social, cada avance de la libertad tiene tras de sí una larga historia de luchas; que son las derrotas, los fracasos, las frustraciones del pasado los abonos ineludibles de los cambios por venir.
Las huelgas de El Chocón de 1969/70 se inscriben también es este registro. En la pequeña aldea que sigue siendo Neuquén, son el hito simbólico fundacional del movimiento obrero clasista. Y a Antonio Alac, Adán Torres, los Hermanos Wilson y Armando Olivares, Pascual Rodríguez y a los miles de obreros más o menos anónimos que
Claro, en qué se recuerda, cómo se lo recuerda, a quién se recuerda y cómo se explica lo recordado no hay nada de inocente. Pese a los cuentitos escolares, sumergirse en el terreno de la historia entraña despojarse de toda inocencia. Si la realidad es un campo de batalla en el que distintas fuerzas (veladas o abiertas, claras o confusas, numerosas o exiguas) pugnan por imponer sus criterios, sus intereses, sus valores, sus objetivos ¿Cómo podría la historia ser algo distinto?
Colonizadores, opresores, explotadores y dominadores han escrito, cierto, su historia. En general lo hicieron y lo hacen bajo formas épicas, con finales felices y la implicación de que ya se ha llegado al mejor de los mundos posibles. Pero los colonizados, los oprimidos, los explotados y dominados o dominadas también han escrito su historia. Una historia más bien trágica que épica. Una historia casi nunca con final feliz. Una historia que se piensa irrenunciablemente inconclusa: lo mejor siempre está por llegar.
Y no es fruto de la casualidad que los héroes y heroínas de las clases y grupos oprimidos sean generalmente -de Espartaco para acá- figuras derrotadas. Una larga tradición de rebeldes abatidos, insurgentes fracasados y revolucionarios frustrados pavimenta los senderos recorridos. Se los recuerda y se las recuerda no por su éxito, sino por su ejemplo. Y recordar es también una manera de aprender: que cada derecho, cada conquista social, cada avance de la libertad tiene tras de sí una larga historia de luchas; que son las derrotas, los fracasos, las frustraciones del pasado los abonos ineludibles de los cambios por venir.
Las huelgas de El Chocón de 1969/70 se inscriben también es este registro. En la pequeña aldea que sigue siendo Neuquén, son el hito simbólico fundacional del movimiento obrero clasista. Y a Antonio Alac, Adán Torres, los Hermanos Wilson y Armando Olivares, Pascual Rodríguez y a los miles de obreros más o menos anónimos que
fueron parte de esas históricas huelgas, se los recuerda no por su victoria (que no fue tal), sino porque su causa era justa … y porque se animaron. Y recordaremos a Jaime de Nevares, Sara Garodnik, Ana Urrutia y tantos otros, porque se pusieron de parte de los trabajadores cuando las papas quemaban.
Los obreros de El Chocón reclamaban -¡cómo no!-aumento salarial y mejoras en las condiciones laborales. Reclamaban también, sobre todo, el reconocimiento de los delegados que ellos mismos habían elegido, y a los que la empresa y la burocrática conducción dela UOCRApretendían desconocer. Su accionar se vio sobre-determinado por un contexto social y político complejo: en medio de la dictadura de Onganía, a meses del Mayo Francés y El Cordobazo, cualquier reclamo sindical adquiría necesariamente otra dimensión. Como tantas otras veces, los trabajadores se vieron atrapados entre dos funestas opciones: aceptar una propuesta salarial que implicaba la derrota ética y política de desconocer a sus delegados; o rechazar el acuerdo cuando ya no había esperanza alguna de vencer a la empresa ni ánimo para resistir ala Gendarmería. En una dramática asamblea optaron por lo segundo. Y la gendarmería, precisamente, pondría fin al conflicto. Un vez más, la fuerza se impuso la razón. Pero, también una vez más, de la derrota obrera inmediata surgirían fundamentales elementos de victoria a largo plazo. Concretamente, las huelgas de El Chocón fueron el inicio, en nuestra zona, de la colaboración y el apoyo de otros sectores sociales (estudiantes, docentes, etc.) a los obreros en lucha. Y, como dijéramos antes, los obreros choconeros crearían el hito indiscutible del sindicalismo clasista enla Patagonia. Unohito hacia el que miran las maestras del combativo ATEN, los obreros sin patrones, y todos los que siguen soñando con un mundo sin explotación.
Para seguir leyendo:
Existe hoy en día una relativamente amplia literatura sobre las huelgas de El Chocón, accesible para el gran público. El Choconazo, de Juan Quintar (Neuquén, Educo, 1998) es el primer trabajo de corte académico publicado (si exceptuamos un viejo y breve artículo de Demetrio Taranda). El Chocón, huelga y milagro, de Benigno Calfuán (Por siempre Neuquén, 2003) es una novela histórica ambientada en el choconazo. Los comunistas y la huelga de el Chocón es una obra colectiva escrita por Francisco Tropeano, Diego Figar, Lidia Figar y Mario Lopez Alaniz (Neuquén, Educo, 2011) escrita desde la perspectiva y en defensa de la actuación del partido comunista en el conflicto, e incluye abundante documentación. Finalmente, Dios y el diablo en la tierra del viento. Cristianos y marxistas en las huelgas de El Chocón (Buenos Aires, Catálogos, 2005) es hasta ahora la mejor reconstrucción histórica de los acontecimientos.
Fuente: www.revistavientodelsur.com.ar/choconazo-un-hito-clasis
Los obreros de El Chocón reclamaban -¡cómo no!-aumento salarial y mejoras en las condiciones laborales. Reclamaban también, sobre todo, el reconocimiento de los delegados que ellos mismos habían elegido, y a los que la empresa y la burocrática conducción dela UOCRApretendían desconocer. Su accionar se vio sobre-determinado por un contexto social y político complejo: en medio de la dictadura de Onganía, a meses del Mayo Francés y El Cordobazo, cualquier reclamo sindical adquiría necesariamente otra dimensión. Como tantas otras veces, los trabajadores se vieron atrapados entre dos funestas opciones: aceptar una propuesta salarial que implicaba la derrota ética y política de desconocer a sus delegados; o rechazar el acuerdo cuando ya no había esperanza alguna de vencer a la empresa ni ánimo para resistir ala Gendarmería. En una dramática asamblea optaron por lo segundo. Y la gendarmería, precisamente, pondría fin al conflicto. Un vez más, la fuerza se impuso la razón. Pero, también una vez más, de la derrota obrera inmediata surgirían fundamentales elementos de victoria a largo plazo. Concretamente, las huelgas de El Chocón fueron el inicio, en nuestra zona, de la colaboración y el apoyo de otros sectores sociales (estudiantes, docentes, etc.) a los obreros en lucha. Y, como dijéramos antes, los obreros choconeros crearían el hito indiscutible del sindicalismo clasista enla Patagonia. Unohito hacia el que miran las maestras del combativo ATEN, los obreros sin patrones, y todos los que siguen soñando con un mundo sin explotación.
Para seguir leyendo:
Existe hoy en día una relativamente amplia literatura sobre las huelgas de El Chocón, accesible para el gran público. El Choconazo, de Juan Quintar (Neuquén, Educo, 1998) es el primer trabajo de corte académico publicado (si exceptuamos un viejo y breve artículo de Demetrio Taranda). El Chocón, huelga y milagro, de Benigno Calfuán (Por siempre Neuquén, 2003) es una novela histórica ambientada en el choconazo. Los comunistas y la huelga de el Chocón es una obra colectiva escrita por Francisco Tropeano, Diego Figar, Lidia Figar y Mario Lopez Alaniz (Neuquén, Educo, 2011) escrita desde la perspectiva y en defensa de la actuación del partido comunista en el conflicto, e incluye abundante documentación. Finalmente, Dios y el diablo en la tierra del viento. Cristianos y marxistas en las huelgas de El Chocón (Buenos Aires, Catálogos, 2005) es hasta ahora la mejor reconstrucción histórica de los acontecimientos.
Fuente: www.revistavientodelsur.com.ar/choconazo-un-hito-clasis
sábado, 1 de septiembre de 2012
EL CHOCONAZO: LA CLASE OBRERA ORGANIZADA
| EL CHOCONAZO: LA CLASE OBRERA ORGANIZADA |
| Escrito por editor |
| Lunes, 06 de Febrero de 2012 17:09 |
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| EL CHOCONAZO: LA CLASE OBRERA ORGANIZADA |
| Escrito por editor |
| Lunes, 06 de Febrero de 2012 17:09 |
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Guglielminetti en el “Choconazo” 8300
Martes 10 jul, 2012
Chaneton se encontró con la información que involucra al imputado por delitos de lesa humanidad Raúl Guglielminetti mientras realizaba la investigación para escribir su libro “Dios el Diablo en la tierra del viento” que editó en el año 2005.
“Tuve que entrevistar a varias personas, entre ellas al ingeniero Mochkovski, que era el segundo jefe de movimientos de suelo en la época de la construcción de la presa, y a uno de los líderes de la huelga que era Armando Olivares”, expresó, contando que fueron ellos quienes le proporcionaron la información sobre las tareas que Guglielminetti realizó durante las huelgas del Chocón.
“En el caso de Mochkovski, lo que él me dijo en el momento de la entrevista fue que este hombre tenía mucho interés en aprender a usar explosivos”, explicó el escritor. “En el caso de Olivares, lo que está en el libro es el tema de la infiltración como agente operativo de la represión en las asambleas obreras y el hecho de que este hombre andaba armado permanentemente”, agregó.
Si bien Chaneton expresó no tener información sobre lo que el imputado había hecho después del golpe cívico militar del ´76, sí conoce lo que hacía antes, en particular en los años 1969 y 1970. Según relató, las personas “lo advierten durante el mismo desarrollo del conflicto. Se dan cuenta que tienen una persona infiltrada ahí, que es Guglieminetti”.
“Son antecedentes que se pueden muy bien tener en cuenta a la hora de evaluar qué es lo qué pasó o qué hizo esta persona a partir del 24 de marzo del 76”, reflexionó.
Sobre la imputación por homicidio a los represores, Chaneton expresó que “si se caracteriza como homicidas a los que en realidad fueron genocidas, que cometieron delitos de privación ilegítima de la libertad y de desaparición forzada de personas, se está relegando al estado de la obligación de investigar” y que de esta forma “perdería sentido la exigencia de la aparición de los archivos de la represión”.
“No es una aparición aritmética esta, que me conviene que se impute por homicidio porque de esta manera le puedo pedir cadena perpetua. No se puede tirar por la borda una figura como la de desaparición forzada de personas que es muy cara al movimiento de derechos humanos de todo el país”, fundamentó el escritor.
Sobre las pruebas presentadas, Chaneton manifestó que “el tribunal tiene que dar vista a las querella, y cada querella decidirá si incorporarlo o no”.
Escuchá a Juan Carlos Chaneton en La Palangana
Guglielminetti en el “Choconazo”
En diálogo con La Palangana, el periodista y escritor Juan Carlos Chaneton habló sobre la participación de Raúl Guglielminetti en la huelga del Chocón.Chaneton se encontró con la información que involucra al imputado por delitos de lesa humanidad Raúl Guglielminetti mientras realizaba la investigación para escribir su libro “Dios el Diablo en la tierra del viento” que editó en el año 2005.
“Tuve que entrevistar a varias personas, entre ellas al ingeniero Mochkovski, que era el segundo jefe de movimientos de suelo en la época de la construcción de la presa, y a uno de los líderes de la huelga que era Armando Olivares”, expresó, contando que fueron ellos quienes le proporcionaron la información sobre las tareas que Guglielminetti realizó durante las huelgas del Chocón.
“En el caso de Mochkovski, lo que él me dijo en el momento de la entrevista fue que este hombre tenía mucho interés en aprender a usar explosivos”, explicó el escritor. “En el caso de Olivares, lo que está en el libro es el tema de la infiltración como agente operativo de la represión en las asambleas obreras y el hecho de que este hombre andaba armado permanentemente”, agregó.
Si bien Chaneton expresó no tener información sobre lo que el imputado había hecho después del golpe cívico militar del ´76, sí conoce lo que hacía antes, en particular en los años 1969 y 1970. Según relató, las personas “lo advierten durante el mismo desarrollo del conflicto. Se dan cuenta que tienen una persona infiltrada ahí, que es Guglieminetti”.
“Son antecedentes que se pueden muy bien tener en cuenta a la hora de evaluar qué es lo qué pasó o qué hizo esta persona a partir del 24 de marzo del 76”, reflexionó.
Sobre la imputación por homicidio a los represores, Chaneton expresó que “si se caracteriza como homicidas a los que en realidad fueron genocidas, que cometieron delitos de privación ilegítima de la libertad y de desaparición forzada de personas, se está relegando al estado de la obligación de investigar” y que de esta forma “perdería sentido la exigencia de la aparición de los archivos de la represión”.
“No es una aparición aritmética esta, que me conviene que se impute por homicidio porque de esta manera le puedo pedir cadena perpetua. No se puede tirar por la borda una figura como la de desaparición forzada de personas que es muy cara al movimiento de derechos humanos de todo el país”, fundamentó el escritor.
Sobre las pruebas presentadas, Chaneton manifestó que “el tribunal tiene que dar vista a las querella, y cada querella decidirá si incorporarlo o no”.
Escuchá a Juan Carlos Chaneton en La Palangana
A 42 años de aquella insurrección llamada El "Choconazo"
26-02-2012, 01:30| Sociedad |
Neuquén > A 42 años de producida la huelga de la represa de El Chocón, cuyas implicancias políticas y sociales tuvieron repercusión nacional, reflexionamos sobre cuáles fueron los motivos que llevaron a su concreción y cuáles fueron los resultados obtenidos. A través de la entrevista oral, indagamos sobre la ideología que primaba en el pensamiento de los obreros y sobre las reivindicaciones por las que luchaban.
Uno de los protagonistas de aquel relevante hecho histórico fue Antonio Alac, nacido en General Conesa el 8 de enero de 1937. Era el único hijo varón (tenía cuatro hermanas) de Estanislao Alac y Aurora Cabezas.
Su padre, oriundo de Yugoslavia, llegó de polizón en barco a la Argentina -de “croto” como decía-, escapando de la Primera Guerra Mundial. Tuvieron la mala fortuna de que a su arribo, en nuestro país se aplicaba una ley anticomunista y por ser inmigrantes los encarcelaron por un breve lapso.
Al poco tiempo arriban al Valle. Estanislao pudo enterarse de que en la localidad rionegrina de Villa Regina se había formado la Comunidad Yugoslava, por lo que inmediatamente tomó contacto con ellos.
Al poco tiempo, consiguió trabajo en las cuadrillas que hacían caminos. Pero no todas eran buenas noticias: a Aurora, su esposa, que esperaba a la quinta hija del matrimonio, le detectaron cáncer de útero. Apenas nacida la pequeña, Aurora falleció. Por ello, Estanislao se vio en la obligación de “repartir” a sus hijos.
Antonio fue a un orfanato hasta los 9 años, edad “tope” de manutención. Sus hijos relatan que entre sus recuerdos infantiles, "siempre recordaba que en el hospicio los hacían arrodillar en el maíz, para ‘pagar’ la culpa de alguna travesura”.
Así es que a partir de los 9 años Antonio comenzó a acompañar a su padre al trabajo. Allí tomó contacto con los yugoslavos de quienes mamó las ideas del amor por las tradiciones, la fuerza y la competencia.
Convicciones políticas
Sus ideas comunistas, heredadas de su padre, lo hicieron partícipe de la lucha social y sindical. Siempre hizo sentir sus razones en los distintos trabajos que ocupó: en el petróleo, cuando fue camionero, hasta que a fines de los años '60 fue contratado por Impregilo-Sollazo, empresa italiana que venía a construir la represa hidroeléctrica de El Chocón.
Su familia
Formó su familia con Raquel Ortiz, con quien tuvo dos hijos: Carolina y Matías, que atestiguan con orgullo lo que fue su padre.
“Tenía el don de emanar cariño. Luchó siempre, era el eje de su vida, la unión entre los distintos sectores sociales, en donde dejaba de lado los intereses particulares”, dijeron sus hijos.
Apreciaba la unión entre la Iglesia y el pueblo, representada, en este caso, por el obispo Jaime De Nevares y el cura obrero Pascual Rodríguez.
Vísperas del “Choconazo”
Durante la primera quincena de diciembre de 1969 se reunieron Antonio Alac, el cura obrero Pascual Rodríguez y Armando Olivares para analizar la crítica situación de quienes estaban construyendo la represa: accidentes fatales, inseguridad laboral y maltrato de los capataces italianos.
El clima era especial; el plantel de obreros contaba con trabajadores provenientes de provincias en donde ya habían sucedido revueltas por reivindicaciones sociales, como por ejemplo el “Cordobazo”.
El estado de ánimo era de rebeldía y de lucha. Los reunidos, que realizaban militancia semiclandestina, debatieron sobre la precariedad laboral de la obra y, además, sobre la petición de un aumento de sueldo del 40 por ciento. Luego elevaron la propuesta a las autoridades. Al no ser atendida se desató, en ese caluroso diciembre de 1969, la primera etapa de la huelga general.
Segunda etapa
Habían transcurrido dos meses de la primera huelga, y los obreros estaban empapados de entusiasmo para tratar de lograr las mejoras solicitadas, ya que en la primera etapa no habían conseguido nada.
Armando Olivares nos relató que poco después, en enero, junto con otros compañeros asistió a una reunión del sindicalismo combativo en Córdoba, convocada por Agustín Tosco y Raimundo Ongaro para elaborar un plan de acción contra la dictadura de Juan Carlos Onganía.
Dicha reunión fue prohibida, pero igualmente celebrada desde la clandestinidad. Al regresar a Neuquén se enteran de que fueron expulsados de la UOCRA, como represalia porque ellos, como delegados con mandato de asamblea, habían participado de esa reunión del sindicalismo combativo. Por ello movilizan a sus compañeros y el 13 de febrero de 1970 decretaron la huelga. Durante la medida de fuerza se realizaban asambleas todos los martes con orden del día abierto; se eligieron delegados por sector en asambleas y resolvieron reclamos como ascensos, porcentajes por trabajos especiales, la provisión de agua caliente y frenar el maltrato de los capataces italianos, entre otras reivindicaciones. Además, se organizaron barricadas para resistir la presión del gobierno, y se realizaban ollas populares.
A los pocos días de iniciada esta segunda etapa de la huelga, la UOCRA la decretó ilegal. Sin demoras, agentes de la Policía Federal comenzaron a llegar a la fábrica.
Una semana después de iniciada la huelga, fue designado gobernador de la provincia Felipe Sapag. El flamante mandatario se ofreció como mediador en el conflicto, pero fue rechazado por el Ministerio de Trabajo. En tanto, la empresa ofrecía pagar la quincena si se volvía a trabajar o renunciar y volver a las provincias. Después de diez días de medidas, compañeros de otras empresas volvieron a trabajar. La última asamblea fue realizada el 13 de marzo de 1970 “para considerar la propuesta final de la comisión mediadora integrada por representantes de la dictadura”. Asistieron, entre otros, el obispo De Nevares y Sapag.
“El obispo y la dirección del Partido Comunista nos hicieron llegar sus opiniones favorables a la propuesta", relató Olivares. “La misma consistía en que si aceptábamos dejar de ser delegados, se convocaba a elecciones de inmediato y podíamos presentar candidatos. En ese momento sabíamos que estábamos derrotados. Éramos unos 300 en huelga. Del resto de los 1.200 la mayoría habían regresado a sus provincias y el resto volvieron a sus puestos de trabajo. Los 800 obreros de otras empresas subcontratistas estaban trabajando. Abrí la asamblea como me lo había pedido Antonio y le dí la palabra al cura obrero. Pascual, con vos cansada y algo insegura, explicó brevemente la propuesta y pidió que se debatiera. Se debatió y se rechazó la propuesta. Los compañeros estaban en silencio. En sus rostros curtidos se veía cansancio, tensión y resignación. El debate continuó con redoblada energía con un discurso cargado de subjetivismo. Sentenciaba que aceptar significaba claudicar y no respetarse a sí mismos.”
La lucha clasista del Chocón tuvo el apoyo unánime de la clase trabajadora y de otros sectores sociales, pero no logró todos sus objetivos.
Triunfó porque hizo tambalear aún más a la dictadura, de Onganía que ya había recibido durante el Cordobazo un primer e importante cimbronazo. Además, instaló un ejemplo en la historia para el conjunto de la clase trabajadora.
Pero la empresa hidroeléctrica fue retomada por las fuerzas de represión. La dictadura tuvo que acudir a 800 hombres armados para poder recuperar la central ocupada por los obreros. Los dirigentes fueron apresados, esposados y enviados en un avión militar a Buenos Aires y soltados ante la presión popular.
A pesar de todo, Antonio no había bajado las banderas ni huido. Lo tuvieron que apresar por la fuerza. La “derrota” de los obreros fue una contundente "victoria" moral.
Homenaje
Los amigos y compañeros de Antonio Alac le realizaron un sentido homenaje a su pérdida. Recopilamos y sintetizamos las palabras pronunciadas en el acto, material suministrado por sus hijos Carolina y Matías.
Todos los que hicieron uso de la palabra hicieron hincapié en la nobleza de Antonio, de su lucha por lo popular, por la unión entre los distintos sectores.
Su ilimitado humanismo, predicaba con el afecto. Luchador revolucionario. Su opción eran los pobres. Humanizar el mundo era su sueño. Soñaba con crear un sindicalismo de liberación.
El padre Rubén Capitanio, quien resaltó sus virtudes, destacó el coraje de Antonio como también de De Nevares. Recordó que Antonio decía “Me acusan de ser comunista. Y sí, compañeros, soy comunista”. Además, subrayó su oratoria, como también el cariño y la ternura que prodigaba con todos.
Resaltó que el Choconazo fue una medida posible debido a los obreros "corajudos y decididos" que la llevaron adelante: Antonio Alac, Pascual Rodríguez y Armando Olivares, entre tantos.
Capitanio consideró también que “se puede hablar de un antes y un después del Choconazo, en la relación obreros-patronal. La Patagonia venía amenazada, oprimida. Alac hizo que se rebelaran contra la opresión; un gesto de democracia obrera. Por este motivo Neuquén fue la capital de los Derechos Humanos.”
Durante el homaneje también habló Liliana Obregón, maestra combatiente, quien conoció a la hermana de Antonio, Diana Alac, que está desaparecida.
Hablaron también las representante de Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle de Río Negro, quienes consideraron que era un gran compañero, presente siempre en las marchas de la resistencia; un hombre simple, honesto, que daba todo por los demás.
Dos amigos, Néstor y Gabriela Kohan, consideraron que Antonio era “fanático de la Patagonia". "Era parte de una generación que apostó todo a la revolución. Era sencillo, cordial y modesto. Figura legendaria, gran luchador del Choconazo, su vida era un insulto a los burócratas”, precisaron.
Se encontraban también presentes en el homenaje a Alac, Alcides Christiansen y el "Vasco" Etchebaster, trabajadores de la UOCRA que habían llevado adelante la huelga de Piedra del Águila en 1986.
Recordaron que Antonio era “el compañero Alpargatas” porque tenía los pies anchos de tanto recorrer barrios y no le conseguían zapatos para comprarle.
Todos coincidieron en que era un gran luchador y un soñador de un mundo mejor.
"Elegía la vida digna"
Juan “Rancho de Paja” Godoy, uno de los obreros de Piedra del Águila, dijo que Antonio “más allá de las ideologías, optaba por el pueblo dejando de lado las diferencias. Elegía la vida digna de las personas. Nunca fue un dirigente, era un compañero coherente, honesto, generoso, entregaba hasta lo que no tenía. Era un revolucionario con ternura, era el hombre que acompañaba, intercambiando opiniones con sencillez y honestidad. Era revolucionario todos los días y en todas partes, la revolución era su vida”.
También hablaron Eduardo Suárez, amigo de Antonio, Patricio Echegaray y Julio Fuentes en nombre de la CTA.
Una persona lo recordó con una frase de José Martí: “La muerte es nada cuando se ha hecho bien la obra en vida”.
Carlos Segovia lo recordó de la siguiente manera: “Antonio era querible, tenía la amplitud de un hombre ubicado ideológicamente, amplio; que apostó a la unidad, respetando a todos los sectores sociales. Compraba voluntades, generoso, dio su vida por los demás. No le interesaron las riquezas, vivió y murió pobre. Trabajó desde muy temprano en el sindicato de la fruta”.
Otro militante, de apellido Salas, lo recordó con afecto diciendo que "luchó desde los 17 años contra el cáncer de la humanidad: el capitalismo”.
Compromiso
Enviaron cartas de adhesión la Biblioteca de la ciudad de Allen, y la Agrupación de Chilenos de Río Negro y Neuquén.
Cuando le tocó el turno a Arturo Nahuel, dirigente del sector de la educación, manifestó que “no se puede discutir educación sin discutir política”. Dijo que no conoció directamente el Choconazo, pero cuando conoció a Antonio y a Pascual Rodríguez, y a Godoy sintió la emoción de la militancia. "El compromiso de los docentes se tiene que transformar en conocimiento social”, concluyó.
Compañeros de Antonio, representantes de comunidades indígenas de Río Negro manifestaron su tristeza y confirmaron la ternura, el cuidado, el afecto que les prodigaba Antonio.
Otro compañero de Antonio expresó que “tenía la idea del socialismo aferrado al intelecto. Pasaba de la discusión a la acción. Era sujeto transformador de la acción política”.
Seguidamente se leyó una carta de Pascual Rodríguez quien expresó que “honrar a Alac es honrar a los trabajadores”.
Otro amigo leyó el poema "Pueblo" de Pablo Neruda, en clara comparación con la descripción que hace el poeta.
Patricio Echegaray, representante del PC, cerró el homenaje con el enorme orgullo de que Antonio se haya forjado, desarrollado y trascendido en sus filas. “Es un héroe del campo popular, su homenaje es ejercicio de la memoria del reconocimiento al pueblo. Fue un gran dirigente de El Chocón. Se rebelaron contra la dictadura. Lucharon por la no explotación del hombre por el hombre”.
En la última parte del homenaje habló un joven militante del PC y nombró a Olivares, Alac, Rodríguez y Torres como “los cuatro mosqueteros en una lucha mítica. Porque una cosa es una huelga urbana y otra era en obras en medio del desierto. Antonio era un hombre de fuertes convicciones revolucionarias. Hoy hay que nutrirse de él y de sus ejemplos. Es imprescindible, dador de fe”.
Esta es la distinción que sus amigos y el pueblo le hizo a Antonio Alac, un hombre de fuertes convicciones que sin amedrentarse ante la adversidad de enfrentar un gobierno militar, sin medir las consecuencias que ello acarrearía, luchó sin descanso para lograr las reivindicaciones que creía justas. La ideología predominante era la comunista y como tal eran ideas revolucionarias que pretendían cambios profundos. Antonio, además, tenía el don de la unidad. Las demostraciones de cariño y la admiración a la hora de su partida, son prueba de ello.
Antonio Alac, protagonista central de la rebelión de El Chocón, hombre de férreas ideas comunistas, militaba con Armando Olivares y Pascual Rodríguez, entre otros. La huelga se produjo durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía en diciembre de 1969 y del 23 de febrero al 14 de marzo de 1970. Diana Alac, hermana de Antonio, fue militante montonera y aún continúa desaparecida.
Por VICKY CHÁVEZNeuquén > A 42 años de producida la huelga de la represa de El Chocón, cuyas implicancias políticas y sociales tuvieron repercusión nacional, reflexionamos sobre cuáles fueron los motivos que llevaron a su concreción y cuáles fueron los resultados obtenidos. A través de la entrevista oral, indagamos sobre la ideología que primaba en el pensamiento de los obreros y sobre las reivindicaciones por las que luchaban.
Uno de los protagonistas de aquel relevante hecho histórico fue Antonio Alac, nacido en General Conesa el 8 de enero de 1937. Era el único hijo varón (tenía cuatro hermanas) de Estanislao Alac y Aurora Cabezas.
Su padre, oriundo de Yugoslavia, llegó de polizón en barco a la Argentina -de “croto” como decía-, escapando de la Primera Guerra Mundial. Tuvieron la mala fortuna de que a su arribo, en nuestro país se aplicaba una ley anticomunista y por ser inmigrantes los encarcelaron por un breve lapso.
Al poco tiempo arriban al Valle. Estanislao pudo enterarse de que en la localidad rionegrina de Villa Regina se había formado la Comunidad Yugoslava, por lo que inmediatamente tomó contacto con ellos.
Al poco tiempo, consiguió trabajo en las cuadrillas que hacían caminos. Pero no todas eran buenas noticias: a Aurora, su esposa, que esperaba a la quinta hija del matrimonio, le detectaron cáncer de útero. Apenas nacida la pequeña, Aurora falleció. Por ello, Estanislao se vio en la obligación de “repartir” a sus hijos.
Antonio fue a un orfanato hasta los 9 años, edad “tope” de manutención. Sus hijos relatan que entre sus recuerdos infantiles, "siempre recordaba que en el hospicio los hacían arrodillar en el maíz, para ‘pagar’ la culpa de alguna travesura”.
Así es que a partir de los 9 años Antonio comenzó a acompañar a su padre al trabajo. Allí tomó contacto con los yugoslavos de quienes mamó las ideas del amor por las tradiciones, la fuerza y la competencia.
Convicciones políticas
Sus ideas comunistas, heredadas de su padre, lo hicieron partícipe de la lucha social y sindical. Siempre hizo sentir sus razones en los distintos trabajos que ocupó: en el petróleo, cuando fue camionero, hasta que a fines de los años '60 fue contratado por Impregilo-Sollazo, empresa italiana que venía a construir la represa hidroeléctrica de El Chocón.
Su familia
Formó su familia con Raquel Ortiz, con quien tuvo dos hijos: Carolina y Matías, que atestiguan con orgullo lo que fue su padre.
“Tenía el don de emanar cariño. Luchó siempre, era el eje de su vida, la unión entre los distintos sectores sociales, en donde dejaba de lado los intereses particulares”, dijeron sus hijos.
Apreciaba la unión entre la Iglesia y el pueblo, representada, en este caso, por el obispo Jaime De Nevares y el cura obrero Pascual Rodríguez.
Vísperas del “Choconazo”
Durante la primera quincena de diciembre de 1969 se reunieron Antonio Alac, el cura obrero Pascual Rodríguez y Armando Olivares para analizar la crítica situación de quienes estaban construyendo la represa: accidentes fatales, inseguridad laboral y maltrato de los capataces italianos.
El clima era especial; el plantel de obreros contaba con trabajadores provenientes de provincias en donde ya habían sucedido revueltas por reivindicaciones sociales, como por ejemplo el “Cordobazo”.
El estado de ánimo era de rebeldía y de lucha. Los reunidos, que realizaban militancia semiclandestina, debatieron sobre la precariedad laboral de la obra y, además, sobre la petición de un aumento de sueldo del 40 por ciento. Luego elevaron la propuesta a las autoridades. Al no ser atendida se desató, en ese caluroso diciembre de 1969, la primera etapa de la huelga general.
Segunda etapa
Habían transcurrido dos meses de la primera huelga, y los obreros estaban empapados de entusiasmo para tratar de lograr las mejoras solicitadas, ya que en la primera etapa no habían conseguido nada.
Armando Olivares nos relató que poco después, en enero, junto con otros compañeros asistió a una reunión del sindicalismo combativo en Córdoba, convocada por Agustín Tosco y Raimundo Ongaro para elaborar un plan de acción contra la dictadura de Juan Carlos Onganía.
Dicha reunión fue prohibida, pero igualmente celebrada desde la clandestinidad. Al regresar a Neuquén se enteran de que fueron expulsados de la UOCRA, como represalia porque ellos, como delegados con mandato de asamblea, habían participado de esa reunión del sindicalismo combativo. Por ello movilizan a sus compañeros y el 13 de febrero de 1970 decretaron la huelga. Durante la medida de fuerza se realizaban asambleas todos los martes con orden del día abierto; se eligieron delegados por sector en asambleas y resolvieron reclamos como ascensos, porcentajes por trabajos especiales, la provisión de agua caliente y frenar el maltrato de los capataces italianos, entre otras reivindicaciones. Además, se organizaron barricadas para resistir la presión del gobierno, y se realizaban ollas populares.
A los pocos días de iniciada esta segunda etapa de la huelga, la UOCRA la decretó ilegal. Sin demoras, agentes de la Policía Federal comenzaron a llegar a la fábrica.
Una semana después de iniciada la huelga, fue designado gobernador de la provincia Felipe Sapag. El flamante mandatario se ofreció como mediador en el conflicto, pero fue rechazado por el Ministerio de Trabajo. En tanto, la empresa ofrecía pagar la quincena si se volvía a trabajar o renunciar y volver a las provincias. Después de diez días de medidas, compañeros de otras empresas volvieron a trabajar. La última asamblea fue realizada el 13 de marzo de 1970 “para considerar la propuesta final de la comisión mediadora integrada por representantes de la dictadura”. Asistieron, entre otros, el obispo De Nevares y Sapag.
“El obispo y la dirección del Partido Comunista nos hicieron llegar sus opiniones favorables a la propuesta", relató Olivares. “La misma consistía en que si aceptábamos dejar de ser delegados, se convocaba a elecciones de inmediato y podíamos presentar candidatos. En ese momento sabíamos que estábamos derrotados. Éramos unos 300 en huelga. Del resto de los 1.200 la mayoría habían regresado a sus provincias y el resto volvieron a sus puestos de trabajo. Los 800 obreros de otras empresas subcontratistas estaban trabajando. Abrí la asamblea como me lo había pedido Antonio y le dí la palabra al cura obrero. Pascual, con vos cansada y algo insegura, explicó brevemente la propuesta y pidió que se debatiera. Se debatió y se rechazó la propuesta. Los compañeros estaban en silencio. En sus rostros curtidos se veía cansancio, tensión y resignación. El debate continuó con redoblada energía con un discurso cargado de subjetivismo. Sentenciaba que aceptar significaba claudicar y no respetarse a sí mismos.”
La lucha clasista del Chocón tuvo el apoyo unánime de la clase trabajadora y de otros sectores sociales, pero no logró todos sus objetivos.
Triunfó porque hizo tambalear aún más a la dictadura, de Onganía que ya había recibido durante el Cordobazo un primer e importante cimbronazo. Además, instaló un ejemplo en la historia para el conjunto de la clase trabajadora.
Pero la empresa hidroeléctrica fue retomada por las fuerzas de represión. La dictadura tuvo que acudir a 800 hombres armados para poder recuperar la central ocupada por los obreros. Los dirigentes fueron apresados, esposados y enviados en un avión militar a Buenos Aires y soltados ante la presión popular.
A pesar de todo, Antonio no había bajado las banderas ni huido. Lo tuvieron que apresar por la fuerza. La “derrota” de los obreros fue una contundente "victoria" moral.
Homenaje
Los amigos y compañeros de Antonio Alac le realizaron un sentido homenaje a su pérdida. Recopilamos y sintetizamos las palabras pronunciadas en el acto, material suministrado por sus hijos Carolina y Matías.
Todos los que hicieron uso de la palabra hicieron hincapié en la nobleza de Antonio, de su lucha por lo popular, por la unión entre los distintos sectores.
Su ilimitado humanismo, predicaba con el afecto. Luchador revolucionario. Su opción eran los pobres. Humanizar el mundo era su sueño. Soñaba con crear un sindicalismo de liberación.
El padre Rubén Capitanio, quien resaltó sus virtudes, destacó el coraje de Antonio como también de De Nevares. Recordó que Antonio decía “Me acusan de ser comunista. Y sí, compañeros, soy comunista”. Además, subrayó su oratoria, como también el cariño y la ternura que prodigaba con todos.
Resaltó que el Choconazo fue una medida posible debido a los obreros "corajudos y decididos" que la llevaron adelante: Antonio Alac, Pascual Rodríguez y Armando Olivares, entre tantos.
Capitanio consideró también que “se puede hablar de un antes y un después del Choconazo, en la relación obreros-patronal. La Patagonia venía amenazada, oprimida. Alac hizo que se rebelaran contra la opresión; un gesto de democracia obrera. Por este motivo Neuquén fue la capital de los Derechos Humanos.”
Durante el homaneje también habló Liliana Obregón, maestra combatiente, quien conoció a la hermana de Antonio, Diana Alac, que está desaparecida.
Hablaron también las representante de Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle de Río Negro, quienes consideraron que era un gran compañero, presente siempre en las marchas de la resistencia; un hombre simple, honesto, que daba todo por los demás.
Dos amigos, Néstor y Gabriela Kohan, consideraron que Antonio era “fanático de la Patagonia". "Era parte de una generación que apostó todo a la revolución. Era sencillo, cordial y modesto. Figura legendaria, gran luchador del Choconazo, su vida era un insulto a los burócratas”, precisaron.
Se encontraban también presentes en el homenaje a Alac, Alcides Christiansen y el "Vasco" Etchebaster, trabajadores de la UOCRA que habían llevado adelante la huelga de Piedra del Águila en 1986.
Recordaron que Antonio era “el compañero Alpargatas” porque tenía los pies anchos de tanto recorrer barrios y no le conseguían zapatos para comprarle.
Todos coincidieron en que era un gran luchador y un soñador de un mundo mejor.
"Elegía la vida digna"
Juan “Rancho de Paja” Godoy, uno de los obreros de Piedra del Águila, dijo que Antonio “más allá de las ideologías, optaba por el pueblo dejando de lado las diferencias. Elegía la vida digna de las personas. Nunca fue un dirigente, era un compañero coherente, honesto, generoso, entregaba hasta lo que no tenía. Era un revolucionario con ternura, era el hombre que acompañaba, intercambiando opiniones con sencillez y honestidad. Era revolucionario todos los días y en todas partes, la revolución era su vida”.
También hablaron Eduardo Suárez, amigo de Antonio, Patricio Echegaray y Julio Fuentes en nombre de la CTA.
Una persona lo recordó con una frase de José Martí: “La muerte es nada cuando se ha hecho bien la obra en vida”.
Carlos Segovia lo recordó de la siguiente manera: “Antonio era querible, tenía la amplitud de un hombre ubicado ideológicamente, amplio; que apostó a la unidad, respetando a todos los sectores sociales. Compraba voluntades, generoso, dio su vida por los demás. No le interesaron las riquezas, vivió y murió pobre. Trabajó desde muy temprano en el sindicato de la fruta”.
Otro militante, de apellido Salas, lo recordó con afecto diciendo que "luchó desde los 17 años contra el cáncer de la humanidad: el capitalismo”.
Compromiso
Enviaron cartas de adhesión la Biblioteca de la ciudad de Allen, y la Agrupación de Chilenos de Río Negro y Neuquén.
Cuando le tocó el turno a Arturo Nahuel, dirigente del sector de la educación, manifestó que “no se puede discutir educación sin discutir política”. Dijo que no conoció directamente el Choconazo, pero cuando conoció a Antonio y a Pascual Rodríguez, y a Godoy sintió la emoción de la militancia. "El compromiso de los docentes se tiene que transformar en conocimiento social”, concluyó.
Compañeros de Antonio, representantes de comunidades indígenas de Río Negro manifestaron su tristeza y confirmaron la ternura, el cuidado, el afecto que les prodigaba Antonio.
Otro compañero de Antonio expresó que “tenía la idea del socialismo aferrado al intelecto. Pasaba de la discusión a la acción. Era sujeto transformador de la acción política”.
Seguidamente se leyó una carta de Pascual Rodríguez quien expresó que “honrar a Alac es honrar a los trabajadores”.
Otro amigo leyó el poema "Pueblo" de Pablo Neruda, en clara comparación con la descripción que hace el poeta.
Patricio Echegaray, representante del PC, cerró el homenaje con el enorme orgullo de que Antonio se haya forjado, desarrollado y trascendido en sus filas. “Es un héroe del campo popular, su homenaje es ejercicio de la memoria del reconocimiento al pueblo. Fue un gran dirigente de El Chocón. Se rebelaron contra la dictadura. Lucharon por la no explotación del hombre por el hombre”.
En la última parte del homenaje habló un joven militante del PC y nombró a Olivares, Alac, Rodríguez y Torres como “los cuatro mosqueteros en una lucha mítica. Porque una cosa es una huelga urbana y otra era en obras en medio del desierto. Antonio era un hombre de fuertes convicciones revolucionarias. Hoy hay que nutrirse de él y de sus ejemplos. Es imprescindible, dador de fe”.
Esta es la distinción que sus amigos y el pueblo le hizo a Antonio Alac, un hombre de fuertes convicciones que sin amedrentarse ante la adversidad de enfrentar un gobierno militar, sin medir las consecuencias que ello acarrearía, luchó sin descanso para lograr las reivindicaciones que creía justas. La ideología predominante era la comunista y como tal eran ideas revolucionarias que pretendían cambios profundos. Antonio, además, tenía el don de la unidad. Las demostraciones de cariño y la admiración a la hora de su partida, son prueba de ello.
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